MÉXICO, D.F.





Es una gran ciudad que abraca el pasado y la historia de un país, una ciudad muy cosmopolita llena de vida nocturna, teatros, restaurantes, bares, etc. La llamada “ciudad de los palacios” tiene el mayor número de museos en el mundo.
En el primer cuadro de la ciudad uno se deslumbra admirando la Catedral Metropolitana, sus palacios y callejuelas. La bella avenida Reforma fue mandada a construir por el Emperador Maximiliano para que conectara el centro de la ciudad con el Castillo de Chapultepec.
Al sur de la ciudad tenemos el barrio bohemio de Coyoacán en cuyo ambiente se respira arte, cultura y en donde destaca la Casa Azul donde vivieron Frida y Diego, así como el barrio colonial de San Angel y nuestra Venecia, los canales de Xochimilco y sus miles de colores que rodean este entorno.

No podemos dejar de mencionar el ambiente de la colonia Condesa, y los barrios comerciales de Polanco y Santa Fé en donde ha habido una explosión de arquitectura a la altura de cualquier gran ciudad en el mundo.
Cerca del D.F. tenemos la ciudad de la eterna primavera Cuernavaca, asi como la capital mundial de la orfebrería en plata que es Taxco. Teotihuacán es el testigo viviente de una cultura que nos ha heredado su hermosa arquitectura. Puebla es la preciosa joya colonial conocida como ciudad de los ángeles, y junto a ella está el pueblo mágico de Cholula con sus 365 iglesias y el base de la pirámide más grande en América.







Distrito Federal

La Ciudad de México, la metrópoli más antigua de América, se ubica en la región del Altiplano Central (a una altura de 2,240 msnm), cobijada por los volcanes Popocatépetl e Iztaccíhuatl y se distingue por tener el mejor clima del mundo, con una temperatura promedio anual de 22°C.

Conocida anteriormente como la "Ciudad de los Palacios", la Ciudad de México cuenta con dos zonas declaradas como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO: su Centro Histórico, engalanado con bellos edificios religiosos e históricos como: la Catedral Metropolitana, uno de los monumentos arquitectónicos más importantes de América; el Palacio Nacional, en cuyo patio interior podrá admirar los espectaculares murales donde Diego Rivera plasmó su visión de la historia de México; o el Palacio de Bellas Artes, hermosa construcción de estilos art nouveau y decó, que aloja uno de los recintos culturales y artísticos más importantes de la ciudad. Y el Parque Ecológico de Xochimilco, considerado por muchos como la "Venecia mexicana", por sus bellos canales que pueden ser recorridos a bordo de una "trajinera" (curiosa embarcación de madera adornada con flores).

Si su interés es cultural, la Ciudad de México ofrece una gran variedad de museos como: el Museo Nacional de Antropología, el Museo Nacional de Arte y el Museo Nacional de Historia (alojado en el Castillo de Chapultepec), donde podrá admirar estupendas colecciones que reflejan la evolución artística e histórica del país, desde la época prehispánica hasta nuestros días. Al norte, podrá visitar la Basílica de Guadalupe, el segundo santuario más visitado en el mundo después de la Basílica de San Pedro en el Vaticano, una escala obligada para quienes quieren conocer aun más sobre las costumbres y tradiciones de la ciudad. A todo esto hay que agregar que la Ciudad de México es un enclave cosmopolita, donde la herencia de la tradición colonial se combina con un amplio abanico de actividades propias de una ciudad moderna: compras en bazares y mercados de artesanías, como los de los barrios de Coyoacán y San Ángel, o bien en exclusivas boutiques y plazas comerciales, como las que se encuentran en Santa Fe y la zona de Polanco, rodeadas del glamour y el confort de sus hoteles y restaurantes de categoría internacional

El Centro Histórico de la Ciudad de México es la parte más antigua de la capital y también la que contiene algunos de los tesoros artísticos más preciados no sólo del país sino del mundo, ya que en sus alrededores se pueden encontrar excelentes ejemplos de arquitectura clásica y novohispana, envueltos de magia y leyenda, que le valieron para ser declarado Patrimonio Cultural de la Humanidad por la UNESCO. Entre sus edificios más importantes destacan:

Palacio Nacional.
Construido sobre las casas del emperador Moctezuma, este edificio se localiza justo enfrente al Zócalo; ahí podrá admirar espectaculares murales de reconocidos artistas como Diego Rivera, que muestran el recorrido histórico del poder político en México.

Catedral Metropolitana.
Ubicada a un costado del Palacio Nacional, frente al Zócalo, es una obra de gran envergadura que conjuga en su estructura la grandeza artística del Virreinato y el fervor religioso del catolicismo; es la construcción religiosa más grande de Latinoamérica.

Palacio de Minería.
Se localiza en la calle de Tacuba, en el Centro Histórico de la ciudad. De estilo neoclásico y barroco este inmueble es la sede de la Feria Internacional del Libro, que año con año se celebra entre los meses de febrero y marzo.

Edificio de Correos.
Ubicado en la esquina que conforman las calles de Tacuba y el Eje Central Lázaro Cárdenas, es uno de los inmuebles más bellos y elegantes de la Ciudad de México; su estilo recuerda los grandes palacios de Venecia. Palacio de Bellas Artes. Se ubica a un costado de la Alameda Central, en la esquina que conforman Av. Juárez y Eje Central Lázaro Cárdenas. Decorado con impresionantes esculturas y una combinación ecléctica de estilos art nouveau y art déco, este edificio aloja una de las salas de conciertos más hermosas del mundo.

Casa de los Azulejos.
Se localiza en la calle de Francisco I. Madero, en el Centro Histórico. Es famoso por su fachada cubierta con miles de azulejos policromos fabricados en Puebla; actualmente aloja a un famoso restaurante.

Plaza de Santo Domingo.
Ubicada al norte del Zócalo, sobre la calle de República de Brasil, se trata de un conjunto arquitectónico donde destacan la iglesia que da nombre a la plaza, el edificio de la Antigua Aduana y el Palacio de la Inquisición.

Corredor Reforma.
Se ubica al centro de la ciudad, sobre Av. Paseo de la Reforma. A lo largo de esta avenida podrá admirar los monumentos más famosos de la ciudad, así como modernos edificios entre los que destacan: la Torre Mayor, el edificio más alto de Latinoamérica con 55 pisos, uno de los proyectos inmobiliarios más importantes de los últimos tiempos; la Fuente de la Diana Cazadora, la cual se llamó así en recuerdo de la diosa romana de la caza, diseñada por Vicente Mendiola y tallada en bronce por el escultor Juan Francisco Olaguíbel; el Monumento a la Independencia, mejor conocido como El Ángel, que representa a la "Victoria alada", la cual descansa sobre una gran columna de estilo corintio, al pie de la cual se distinguen las figuras de los héroes de la Independencia y símbolos de la guerra, la paz, la ley y la justicia, representados en forma de figuras femeninas sedentes. Más adelante podrá admirar el monumento a Cuauhtémoc, conjunto de planta cuadrada de tres cuerpos, en el que destaca la figura del emperador azteca en actitud de combate, empuñando una lanza; y en la glorieta siguiente, el monumento a Cristóbal Colón, obra del escultor francés Carlos Gardier, el cual se distingue por el color rosado de su pedestal de estilo renacentista; y finalmente, en la esquina que conforman la Av. Reforma y Av. Juárez, encontrará la escultura de El Caballito, obra del escultor chihuahuense Sebastián, la cual hace referencia a la estatua ecuestre de Carlos IV, que actualmente se encuentra frente al Museo Nacional de Arte, en el Centro Histórico.

Museo Nacional de Antropología

Considerado como uno de los museos más importantes del mundo, el Museo Nacional de Antropología e Historia de la Ciudad de México, posee la colección más grande de arte precolombino del planeta, que distribuida en sus 24 salas temáticas constituyen el museo más grande de Latinoamérica.

El Museo Nacional de Antropología e Historia fue proyectado por el arquitecto mexicano Pedro Ramírez Vázquez autor también de la Basílica de Guadalupe, el Museo del Templo Mayor y de la famosa identidad gráfica de los Juegos Olímpicos de México 1968. Este museo está dividido en varias salas, cada una dedicada a alguna de las culturas que florecieron en el territorio mexicano desde hace 3000 años entre las que encontramos la Sala Olmeca, la Sala Teotihuacana, la Sala Maya, la Sala Mexica entre otras de igual importancia. Asimismo el museo posee una sala de exposiciones temporales procedentes de otros de los museos más importantes de mundo.

Este recinto nos ofrece una visión diferente a la de otros museos, ya que además mostrar piezas únicas del arte prehispánico, también cuenta con reproducciones de algunos de los edificios más destacados de las culturas mesoamericanas que nos sumergen en su cultura y su forma de vida. Por otra parte, la arquitectura del lugar es en si misma un motivo de belleza ya que entre sus atractivos cuenta con un gran domo del cual cae una cascada de agua en homenaje a Tláloc, dios de la lluvia de los antiguos aztecas así como otros elementos que aunados a su colección lo han colocado desde su creación entre los más destacados del mundo.

Xochimilco

En Xochimilco, el cultivo de flores y el comercio de víveres hacia la Ciudad de México trajo prosperidad y permitió el aumento de la población que alternaba su vida entre el trabajo y la fiesta

Entre las tradiciones más sobresalientes de Xochimilco se encuentran la bendición de niños-dios durante la fiesta de La Candelaria (2 de Febrero) o las celebraciones de la feria de las flores (martes de Semana Santa), en la que los barrios de toda la zona compiten en ostentación y gracia.

El epicentro de estas fiestas es, como era de esperarse, la iglesia. La parroquia de San Bernardino no sólo es bella en su exterior, sino que contiene uno de los retablos más antiguos de América, estupendamente conservado. Resulta sencillo transportarse al siglo XVI cuando los franciscanos dirigieron la construcción del convento y el labrado de las fachadas, donde es posible advertir tanto el duro trabajo y como el detalle fino. Las epidemias y la tristeza diezmaron la población indígena en esos primeros siglos, mas los defeños se encargaron de suplir con creces esta falta de gente. Durante los abigarrados fines de semana resulta lento circular en las embarcaciones, pero la compañia de antojitos y músicos navegantes que se pierden entre la infinitud de canales y cipreses hace disfrutable el acompasado ritmo de la trajinera.

La presencia del agua tiene en la ciudad de México una doble cara: por un lado se le combate como una plaga que anega y destruye las construcciones; se le expulsa como un negro anatema y por otro se le arrebata en sus virginales y distantes manantiales en cantidades interminables. Xochimilco juega su existencia entre estas luchas ciclópeas y trata a la vez, de mostrar una cara amable.

Coyoacan

Coyoacán es una de las zonas de la ciudad en las que más se puede apreciar el legado colonial en la urbe, ya que de ser hace unas décadas un pueblo localizado a las afueras de la ciudad, se encuentra ahora totalmente dentro de la misma, pero aún sigue conservando su carácter tradicional mexicano, lo que aunado a sus bellas plazas, calles y casonas, ha atraído a un gran número de artistas, lo que le ha dado a esta zona un agradable aire intelectual.

Pasear por Coyoacán es un deleite, ya que al caminar por calles como Francisco Sosa uno puede sentir la tranquilidad que todavía conserva esta zona con sus casas pintadas con colores alegres, sus cafés en los que se discute sobre la ultima novedad literaria o la más reciente exposición de arte, sus numerosos centros culturales, el museo de Frida Kahlo en la casa azul y en fin todo lo que hace a esta zona, un delicioso paseo de fin de semana.

Continuando por esta calle se llega al Jardín Hidalgo y al zócalo de Coyoacán, que son el corazón mismo de toda esta zona, con el antiguo ayuntamiento y la catedral, cuyos interiores son muestra del esplendor barroco de México, también ahí se pueden encontrar numerosos restaurantes con terrazas al aire libre, tiendas de libros, boutiques y eso si, muchos cafés con estilos para todos los gustos.

San Ángel

El barrio de San Ángel conserva una atmósfera tradicional mexicana en la que las antiguas casonas, plazoletas y jardines, nos pueden transportar aún en nuestros días a sus tiempos de esplendor, mismos en los que, era sitio de descanso para la elite de la sociedad porfiriana.

San Ángel tiene sus orígenes en la época colonial, cuando se funda el Convento del Carmen, que se extendía sobre un gran terreno que iba aproximadamente desde la actual avenida de los Insurgentes hasta el Templo de San Jacinto. Dicho convento contaba con grandes huertas que abastecían de alimentos al mismo, lo que aunado al fuerte trabajo de los frailes, proporcionó una gran riqueza a dicha orden, edificando hermosos edificios religiosos que perduran hasta nuestros días.

El Castillo de Chapultepec

Durante el periodo virreinal, Chapultepec fue apreciado como un lugar de descanso y esparcimiento, para lo cual se construyó, en la base del cerro, sobre los cimientos de lo que fuera residencia de Moctezuma II Xocoyotzin, un palacio que dio albergue a numerosos virreyes y visitantes distinguidos durante más de dos siglos. Sin embargo, la explosión de un polvorín a mediados del siglo XVIII, que causó serios destrozos en el edificio, llevó a tomar la decisión de que el nuevo palacio se construyera en la cima del cerro, justo en el lugar que ocupaba una antigua ermita dedicada al arcángel San Miguel.

Los trabajos se iniciaron el 16 de agosto de 1785, cuando gobernaba la Nueva España el virrey Bernardo de Gálvez. El encargado de realizar los planos fue el teniente coronel e ingeniero Francisco Bambitelli. Primero se llevó a cabo el desmonte del cerro; después vinieron las excavaciones, los cortes del terreno, la formación de terraplenes y la fábrica de los muros destinados a sostener el edificio.

La Corona española ordenó suspender los trabajos y subastar la obra en 60 mil pesos a pesar de que ya se habían invertido más de 300 mil pesos. Afortunadamente no hubo quien se interesara por el edificio. Ante la falta de compradores, en 1792 el virrey Juan Vicente de Güemes Pacheco y Padilla, segundo conde de Revillagigedo, lo destinó para Archivo General del Reino de la Nueva España, pero el proyecto tampoco fructificó a pesar de que ya se tenían los planos de adaptación hechos por el arquitecto Miguel Constanzó.

Alexander von Humboldt llegó a la capital de la Nueva España en 1803 y visitó, entre otros sitios, el cerro y el Alcázar de Chapultepec. En su libro titulado Ensayo político del Reino de la Nueva España condenó el vandalismo de los ministros de la Real Hacienda, que en nombre de la economía empezaron a vender en subasta los vidrios, las puertas y las ventanas del edificio que se encontraba a 2 325 metros sobre el nivel del mar, dejándolo expuesto al embate de los vientos.

Finalmente el Ayuntamiento de la Ciudad de México lo adquirió en 1806, gracias a lo cual bosque y palacio se salvaron, casi de milagro, de pertenecer a un particular. Durante la guerra de Independencia (1810 a 1821), el edificio estuvo abandonado y así continuó hasta 1833 en que se decretó que fuera sede del Colegio Militar. Entonces se le comenzó a conocer como “Castillo”, aunque no fue sino hasta 1844, tras hacerle varias adaptaciones y erigir en la parte más alta del cerro el “Caballero Alto” o “Torreón”, que el edificio comenzó a funcionar como Colegio.

No obstante, esa sección adquirió su fisonomía actual a partir de 1864, cuando Maximiliano y Carlota llegaron a gobernar el país y decidieron establecer allí su residencia imperial. Para lograr su propósito convocaron a varios arquitectos austriacos, franceses, belgas y mexicanos, como Julius Hofmann, E. Suban, Carl Kaiser, Carlos Schaffer, Eleuterio Méndez y Ramón Rodríguez Arangoity. Ellos realizaron numerosos proyectos arquitectónicos con el fin de hacer habitable ese hermoso espacio. A la caída del imperio en 1867, el edificio quedó en el abandono hasta 1872.

Después, a lo largo del mandato del general Porfirio Díaz, el Castillo y el Alcázar alcanzarían su mayor esplendor. El 3 de febrero de 1939, el presidente de la República, general Lázaro Cárdenas, expidió la Ley Orgánica que creó el Instituto Nacional de Antropología e Historia. Esta ley, en su artículo tercero, señaló como parte del patrimonio nacional al Castillo de Chapultepec para que en él se instalase el Museo Nacional de Historia con todas las valiosas colecciones del Departamento de Historia del antiguo Museo Nacional de Arqueología, Historia y Etnografía.

Teotihuacan

Pocas ciudades han sido consideradas dignas de ser habitadas por los dioses, más habituados a las esferas celestes que a los dominios humanos. Teotihuacan es una de ellas, y para haber alcanzado el rango de ciudad mítica tuvieron que transcurrir mil años de civilización que hoy se respira entre sus amplias avenidas que marcan los rumbos del universo y cuyo esplendor emana de plazas y pirámides de proporciones ciclópeas penetrando los muros estucados de imágenes primigenias de la naturaleza y figuras de un mundo espiritual casi olvidado.

Estudios arqueológicos han mostrado que Teotihuacán era, 600 años a.C., una aldea que comenzó a elaborar objetos de piedra pedernal obtenida de la zona. El excedente de este producto permitió un incipiente intercambio con otras regiones y posteriormente establecer un eficiente comercio y agricultura planificada a partir del siglo II a.C. Desde entonces los conocimientos desarrollados por las culturas preclásicas fueron concentrándose en torno a un centro político y religioso que duraría hasta el siglo IX de nuestra era. El grado de refinamiento y difusión de la cultura teotihuacana ha sido calificado como la época Clásica en la América meridional.

La expresión más evidente del paso de las generaciones y pueblos que habitaron este sitio --a tan sólo 50 km al Noreste de la ciudad de México-- son los restos arqueológicos de la ciudad y las innumerables piezas de fina cerámica esparcidas por el mundo. El centro ceremonial, trazado como un gran símbolo de dos ejes; el Norte-Sur denominado Calzada de los Muertos del que parten, como alas de una mariposa edificios, palacios, plazas y adoratorios. A la cabeza la gran pirámide de la luna y a un costado la mole inmensa de la pirámide del Sol, dualidad creadora de la naturaleza y de los hombres que levantaron los muros de tezontle, cal y canto.

Siglos después de abandonada, otros pueblos llamaron al sitio “Ciudad de los Dioses”, no sin razón, pues su existencia estuvo regida por profundas convicciones religiosas y normas de vida en torno a los ciclos de la naturaleza, la siembra, la cosecha, la lluvia y una cosmogonía de estrechas relaciones fenomenológicas cuya expresión calendárica y astronómica se reflejó en la construcción de la ciudad.

Al sentido vertical lo complementa su base cuadrangular y su posición precisa con respecto al trayecto de los astros. En efecto, la orientación de la Pirámide del Sol tiene una inclinación de 17º de la dirección del polo terrestre, lo que apunta hacia el polo magnético y permite al sol coincidir en el Cenit del centro de la pirámide los días 20 de mayo y 18 de junio. Son más las características astronómicas de esta y otras pirámides mesoamericanas, pero en el caso de Teotihuacán, el conjunto de templos y edificios rodeado por una urbe mimetizada de campo, crean un espacio magnífico que permite establecer vínculos olvidados entre el hombre y la naturaleza.

Así como el sol y el viento de los espacios abiertos impresionan y evocan el trabajo colectivo, en los edificios de orden civil, palacios, plazas y mercados nos adentramos a un mundo más rico y cercano. En especial los patios propician una sensación de serenidad, como en el caso del perteneciente al palacio de Quetzalpapálotl (ave-mariposa) con sus columnas labradas, cornisas policromadas y almenas.

Teotihuacán no sólo es una ciudad monumental, sino también un sitio donde la pintura de murales permite discurrir en el mundo de las figuras míticas, de dioses, jaguares, seres de la noche y cielos acuáticos. El arte teotihuacano no se detiene en lo exterior y crea su microcosmos de vasijas y objetos ceremoniales que, ensayados por siglos, alcanzaron la perfección. Es así que la ciudad contenía barrios especializados de artesanos que proveían a la ciudad y a zonas tan alejadas como Oaxaca y Yucatán. Asimismo, y como correspondía a una ciudad cosmopolita, la ciudad llegó a tener sus barrios de grupos mayas y zapotecas.

Basílica de Guadalupe

Sea por su origen enigmático, por la fe que el pueblo de México le prodiga o simplemente por que su imagen irradia una gran tranquilidad y esperanza, la Virgen de Guadalupe es, hoy por hoy, uno de los máximos símbolos de nuestra identidad mestiza, distinguiéndonos como un pueblo devoto, religioso y más que católico, guadalupano.Aunque controvertida en sus inicios, la Virgen de Guadalupe, “aparecida” en 1531 a un indígena de nombre Juan Diego, logró imponer su fe al recién convertido pueblo mexicano y más que eso, logró iniciar la consolidación de una cultura sincrética entre españoles y nativos de la cual ella es su mejor representante.Su templo, erigido primitivamente en el lugar preciso que señaló Juan Diego, fue primero una humilde ermita, la Ermita Zumárraga (1531-1556). Tiempo después, el arzobispo Montúfar mandó ampliarla, por lo que su nombre cambió a Ermita Montúfar (1557-1622). Más tarde se construyó, al pie de la anterior, la Ermita de los Indios, esto hacia 1647. Dicha ermita tuvo al principio un capellán para después convertirse en vicario, parroquia y más tarde parroquia archipresbiterial.Y cabe señalar que entre 1695 y 1709 se construyó también, en honor de la guadalupana, un nuevo templo mucho más grande y suntuoso, en el que se erigió la Colegiata que sería convertida en Basílica en 1904.Actualmente la Villa de Guadalupe alberga la capilla del Cerrito, de manufactura muy sencilla; la capilla del Pocito, que conjuga excelentes contornos arquitectónicos con materiales de presencia agradable (talavera, tezontle y chiluca); la antigua basílica, con cuatro torres, planta basilical y decoración sobria y; finalmente, pero no por ello, menos importante, tenemos a la nueva Basílica, edificada en 1976 bajo la dirección del arquitecto mexicano don Pedro Ramírez Vázquez.Su atrio es sumamente amplio y en él se suceden regularmente danzas sincréticas de los llamados concheros y otras manifestaciones populares de amor y fervor hacia la guadalupana. A estas simples expresiones se unen las manifestaciones más sofisticadas de la devoción hacia la virgen, reflejadas principalmente en las obras pictóricas de artistas como Juan Correa, José de Alzibar, Gonzalo Carrasco, entre otros.Sin duda, es esta famosa construcción, la imagen misma de la gran fervor guadalupano que caracteriza a los mexicanos...

Ex convento de Acolman

Es considerado un monumento Agustino del siglo XVI, por su estilo Plateresco, el cual se decide llevar acabo esta obra arquitectónica por la orden de San Agustín entre los años 1539 a 1560; en el se pueden apreciar pinturas de la época colonial así como algunas vestimentas de la jerarquía católica.

Acolman fue un pueblo independiente en la época prehispánica, pero en algún tiempo, tuvo peleas con los huexotzincas, de las que resultó vencido. Y como todos los pueblos antigüos, se vio sometido a la conquista española cambiando sus costumbres. Los frailes Agustinos de la tercera orden religiosa que llegó a la Nueva España, fueron los que se aposentaron en este pueblo; prueba de su estancia en este lugar es el bello templo y exconvento de San Agustín Acolman, la construcción de este monasterio fue edificada de 1539 a 1560, pero ya desde el año de 1524 se inicio la construcción de esta joya arquitectónica cuando el fraile franciscano Andrés de Olmos levantó un pequeño templo que más tarde fue ampliado por los agustinos, quienes desde el principio de la Conquista se encargaron de evangelizar a los indígenas de la región. Para el año de 1629 se registró una inundación anegándose totalmente el convento. En 1645 sufrió otra inundación. Para 1763 se repitió la invasión del agua y en 1772, se dio otra que obligó al abandono total del templo.

Para 1927 se encontraba en grave peligro de destrucción, pues la iglesia y el convento fueron abandonados, en 1877 la cabecera municipal fue trasladada al Calvario a causa de la gran inundación.

En uno de los patios interiores se encuentra una bella cruz del siglo XVI tallada en piedra, pieza única en su género; existen también objetos de arte diversos, entre otros chacmoles o cerámica prehispánica, escultura en materia de la réplica de la "Piedad" y una pintura al óleo de Miguel Cabrera. En el archivo del convento se guardan celosamente libros antiquísimos que contienen bautismos de españoles y castas e, incluso, las firmas de fray Juan de San Miguel, famoso agustino; Jerónimo Cardona, Montes de Oca y Benítez, entre otros. El 6 de abril de 1933 fue declarado monumento nacional y hasta la fecha funciona como Museo de Arte Colonial.

Puebla

Conocida como la "Ciudad de los Ángeles" y Patrimonio Cultural de la Humanidad, Puebla se ubica a 136 km de la ciudad de México. Su clima es templado, con veranos frescos, semihúmedos y lluvias durante el verano y principios del otoño; su temperatura media anual es de 16°C.

Esta ciudad cuenta con alrededor de 5,000 edificios coloniales de tendencia principalmente barroca del s.XVI, entre los que destaca su catedral, ejemplo perfecto de la belleza arquitectónica de la ciudad. El trazo perfecto de sus conventos, parroquias y plazuelas, parece haber sido realizado de la mano de los mismos ángeles. La riqueza cultural de esta ciudad no sólo está plasmada en su arquitectura; su gastronomía conjuga perfectamente la herencia prehispánica, árabe, francesa y española, que se ve reflejada en sus famosos platillos como los chiles en nogada y el mole poblano, que han adquirido fama mundial.

Lo mismo sucede con sus productos artesanales como la Talavera poblana, el árbol de la vida, las pinturas en papel amate y los caprichosos diseños en ónix y mármol; todo dispuesto para los visitantes de sus bellos y tradicionales mercados y plazas de artesanías. Vestida de cantera gris, Puebla es la quinta ciudad más grande de México. En sus calles de traza reticular descubrirá maravillosos rincones e imponentes fachadas adornadas por balcones de herrería. En sus alrededores encontrará bellezas naturales donde realizará diversas actividades al aire libre; no deje de visitar el Parque Nacional Izta-Popo, el Parque Nacional La Malinche o la Reserva de la Biosfera del Valle de Tehuacán, la más grande del mundo.

Cholula

Se ubica a 9.2 Km. de la Ciudad de Puebla. Su clima es templado-subhúmedo con lluvias en verano. Entre sus festividades más importantes están la del Apóstol San Andrés, la de San Isidro Labrador, la de la Santísima Virgen de los Remedios y la de San Diego de Alcalá. De su artesanía destacan las alfombras florales, las figuras labradas en cera para las fiestas patronales, velas y figurillas indígenas de uso ritual. Durante su visita a este sitio no puede dejar de conocer la zona arqueológica, que reúne siete basamentos entre los que destaca la pirámide dedicada a Chiconahui Quiahuitl, con una base de 400 m por lado que la convierte en el basamento piramidal más grande del mundo. Desde la plaza principal de esta población podrá admirar la iglesia de los Remedios, la parroquia de San Andrés Cholula, la iglesia de Santa María Tonantzintla y iglesia de San Francisco Acatepec, magníficos ejemplos de la arquitectura barroca de los S.XVI y XVII.

Cacaxtla

Ubicada a 19 km al suroeste de la ciudad de Tlaxcala, la antigua ciudad de Cacaxtla constituye uno de los más importantes hallazgos arqueológicos del siglo XX, por su impresionante conjunto mural, uno de los más extensos y en mejor estado en toda Mesoamérica, en el que se aprecian claras influencias maya, teotihuacana, mixteca zapoteca y nahuatlaca.

Sus antiguos habitantes, los misteriosos Olmeca Xicalanca, de cuyo origen no se tiene aún certeza, son todo un enigma y confirma un intercambio cultural intenso en la época prehispánica. No deja de sorprendernos ver en Tlaxcala tan extraordinarios murales de figuras mayas y glifos en náhuatl, ideas y formas de dos áreas muy distantes y distintas que se fundieron en una extraordinaria creación pictórica, por la riqueza de su simbología que nos narra historias épicas y míticas que son un reto para nuestra comprensión. Además del impresionante mural del Templo Rojo que aparece al inicio de esta página, te presentamos a continuación algunos de los bellos y enigmáticos murales que puedes admirar en Cacaxtla. Tienes que ver además el mural llamado de La Batalla, de más de 25 m², que es el más extenso del México antiguo, el cual seguro te sorprenderá.

Xochitecatl

Allí se encontraron representaciones de ranas, serpientes, mujeres embarazadas y parturientas. Su época temprana da claras muestras de influencias culturales teotihuacanas, cholultecas y totonacas. Entre sus principales edificaciones destaca la Pirámide de las Flores que por el área de su base es la cuarta más grande de Mesoamérica, equiparable en tamaño con la Pirámide de la Luna de Teotihuacan. Al pie de sus escaleras hay dos grandes pilas monolíticas, que eran llenadas con agua como símbolo de purificación y algunos sugieren que los espejos de agua de las pilas servían para observar las estrellas. De hecho, en el equinoccio de primavera, podemos apreciar en esta Pirámide un espectáculo admirable, cuando el Sol nace y muere, pasando por el centro de los dinteles de piedra colocados allí por sus antiguos habitantes, lo que demuestra su avanzado conocimiento de la mecánica celeste. Su Pirámide de la Espiral es única en su género, seguramente dedicada a Ehécatl, Dios del Viento. La Pirámide de la Serpiente es llamada así por haberse encontrado allí, dentro de otra pila monolítica, una escultura con cabeza de serpiente de 1.70 m de alto, la cual aún permanece in situ.

Taxco

Taxco de Alarcón, "la capital mexicana de la plata", se ubica en la región sur del país, a 138 km al norte de Chilpancingo, la capital del estado de Guerrero, y a 151 km al sur de la Ciudad de México por la carretera núm. 95. Su clima es cálido-húmedo con una temperatura promedio anual de 19°C.

Considerada como una de las poblaciones más pintorescas de México, este destino ofrece el mágico encanto de sus calles empedradas, sus edificios coloniales y sus casas de paredes blancas con techos de teja roja; la incomparable belleza de la Catedral de Santa Prisca, uno de ejemplos más representativos de la arquitectura barroca en México; y el gran valor histórico y cultural, de las casas Humboldt y Borda, así como de los museos de Arte Virreinal y de la Platería, donde podrá admirar increíbles objetos (aretes, collares, pulseras y otros utensilios) elaborados con ese metal, eje rector de la economía local, todos diseñados a partir de las técnicas de orfebrería heredadas por el orfebre estadounidense William Spratling, hijo adoptivo de esta población.

En los alrededores podrá visitar maravillosos escenarios naturales como las Grutas de Cacahuamilpa, ideales para practicar el espeleísmo, o el Parque Nacional Alejandro Humboldt, donde encontrará abundantes bosques de pino y encino, dotados con bellos parajes propios para practicar la caminata. A su regreso, diríjase a cualquiera de los restaurantes tradicionales de Taxco y saboree el típico "Pozole", al estilo guerrerense, o bien camine por sus calles -elegantemente iluminadas- hasta hacer parada en uno de los bares, cafés y centros nocturnos que se ubican al sur de la población, ahí podrá olvidarse del sueño y gozar plenamente hasta la alborada.

Cuernavaca

Cuernavaca, la "Ciudad de la eterna primavera", se localiza a 89 km al sur de la Ciudad de México, en la parte norte del estado de Morelos, región que cuenta con un agradable clima que brinda una temperatura promedio anual de 23° C.

Este destino es un excelente lugar de descanso, al que anualmente acuden cuantiosos turistas para olvidarse del estrés y la monotonía, ya sea en sus lujosos spas, que ofrecen todo tipo de masajes y terapias de relajación; en sus divertidos balnearios, que cuentan con las mejores instalaciones, o simplemente dando un paseo por la ciudad, donde se pueden observar magníficos edificios históricos como el Convento de la Asunción, la Capilla de San José, el Jardín Borda, símbolo de Cuernavaca por su riqueza histórica y belleza natural y el Palacio de Cortés, quizá la construcción civil virreinal más antigua de América la cual alberga murales de Diego Rivera.

En sus alrededores encontrará estupendos atractivos como el Corredor Biológico Ajusco-Chichinautzin, ideal para practicar el ecoturismo; el balneario Las Estacas, cuyo manantial de aguas cristalinas ofrece uno de los paisajes más bellos del estado; las Lagunas de Zempoala integrada por lagunas, vestigios arqueológicos y bosques; y la zona arqueológica de Xochicalco, declarado como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

Tepotzotlán

El Museo Nacional del Virreinato se encuentra ubicado en Tepotzotlán, Estado de México. Tiene como misión ofrecer a la sociedad experiencias de educación y goce, a partir de la apreciación del periodo virreinal en la Nueva España, para fortalecer y dar a conocer, nuestra memoria histórica. Su sede es el ex colegio Noviciado de San Francisco Javier, edificio construido entre los siglos XVII y XVIII, por los miembros de la Compañía de Jesús.

Durante el siglo XVI, una vez realizada la conquista militar española, los franciscanos se establecieron en Cuautitlán para evangelizar a la población y más tarde llegaron a Tepotzotlán. A partir del año 1580, los jesuitas continuaron con esta misma labor y fundaron el Colegio de Lenguas, para aprender otomí, náhuatl y mazahua. Posteriormente crearon el Colegio de San Martín, destinado para la educación de niños indígenas nobles, a quienes enseñaron doctrina, canto y música; a leer y escribir castellano además gramática latina. Por último, el Consejo de San Francisco Javier fue dedicado a formar a los jóvenes que ingresaban a la Compañía de Jesús. A mediados del siglo XVIII, la Compañía había logrado acumular y administrar cuantiosos ingresos. Esto permitió que en 1755, realizaran los retablos y la fachada de la iglesia de San Francisco Javier, obras que por su extraordinaria belleza y refinado estilo han sido consideradas el ejemplo más relevante del arte novohispano.

En 1767, los jesuitas fueron expulsados de los reinos españoles y sus bienes pasaron a ser administrados por la Junta Real. En 1777, el arzobispo y virrey, Alonso Núñez de Haro y Peralta, estableció el Real Colegio Seminario de Instrucción, Retiro Voluntario y Corrección para el Clero Secular. En 1933, el inmueble fue declarado monumento nacional y en 1964 fue inaugurado como el Museo Nacional del Virreinato.

Tula

Cuenta una leyenda que el rey-sacerdote Quetzalcóatl fundó la ciudad de Tula después de vengar el asesinato de su padre, y comenzó así un gran periodo de esplendor para los toltecas, ya que de la mano de su gobernante aprendieron artes e importantes doctrinas religiosas y realizaron grandes construcciones como los atlantes, símbolo que identifica la zona arqueológica.

Ubicada aproximadamente a 85 kilómetros al norte de la ciudad de México, en el estado de Hidalgo, la Zona Arqueológica de Tula es un lugar donde el tiempo corre de manera muy lenta y apacible. Los fuertes vientos y el clima semiseco, propios de la región del Valle del Mezquital, sitúan a la zona en un espacio donde el cielo siempre es azul.

Tula, junto con Teotihuacan y Tenochtitlan, fue uno de los grandes centros urbanos del Altiplano Central de Mesoamérica. La ciudad tuvo una larga vida de casi cuatro siglos en su momento de máximo apogeo (900 -1000 d. C.); de hecho, hacia el año 1000 era probablemente la ciudad más grande de Mesoamérica, con una extensión de casi 16 kilómetros cuadrados. Uno de los edificios más representativos de la ciudad es la pirámide B que es el asiento de los majestuosos atlantes. Es sede también de dos interesantes museos de sitio.